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Testimonios de Feria
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Impresiones...

Por Rhina P. Espaillat


¡Son tantas las escenas que surgen a la memoria! Y todas positivas, complejas, emocionantes, llenas de los olores y sabores, los colores y la atmósfera de mi país. Entre otras, resaltan éstas:

Abril 23, primer día de la feria: deambulo con mi esposo estadounidense por toda la Plaza de Cultura, observando las últimas preparaciones. Una infinidad de casetas, rebosante de libros, cajas por abrir, afiches de todos colores; una multitud de jóvenes haciendo milagros con tarros, tablas, formas de concreto y maquinaria; un incesante ir y venir de camionetas; atmósfera de gozo, trabajo y aventura; Don Teófilo Terrero y Don Alejandro Arvelo vigilando todo, recibiendo los recién llegados, y resolviendo problemas por vía celular; música, risa; los maravillosos edecanes de la feria lanzándose aquí y allá, cumpliendo con múltiples deberes; la inesperada y simpática bienvenida de Don Freddy Ginebra, Ministro Plenipotenciario de Besos; el cariñoso saludo del enérgico y hábil Lic. José Rafael Lantigua. Me abrazan muchas personas, conocidas y no: acabo por abandonar por completo la costumbre norteamericana de extender la mano. Por fin conozco a Don Freddy Armando y a Don Miguel Collado, ya mis amigos hace mucho, gracias al correo electrónico que me brinda el placer de sus misivas; al verlos por primera vez, tengo la impresión de haberlos conocido toda la vida.

Abril 24, martes: Rodeada de familiares cariñosos y muy queridos, de escritores e intelectuales dominicanos, y de un enjambre de estudiantes, me encuentro dotada de una calle que será “mía” hasta abril 2008; se me presenta un bello certificado, y aunque me conmueve profundamente este gesto de mi país, logro decir unas pocas palabras sin llorar, cosa que a veces resulta difícil.
En el Café Bohemio, converso con un grupo de estudiantes de segunda enseñanza que han leído mis obras. Me hacen preguntas tan inteligentes, precisas y bien formuladas que honran mis poemas y ensayos; gozo tanto el encuentro que siento pena cuando termina la hora.

Un encuentro informal con un grupo de autores dominicanos, algunos muy conocidos y otros comenzando su carrera literaria: me hacen preguntas sobre mis hábitos como escritora, y demuestran su interés en las ideas y su apego a la palabra; a pesar de problemas con el micrófono, nos comprendemos perfectamente, porque hay un inmenso deseo de comprensión.
 Don Miguel Collado presenta mi colección de cuentos bilingües ante un distinguido público, con un análisis del mismo preparado por el reconocido crítico y filólogo Dr. Odalís G. Pérez. Recibo los comentarios de autores y lectores dominicanos, por primera vez en el suelo en que nací: momento que no se borrará de mi memoria.

Bajo el auspicio de Don Franklin Gutiérrez, y acompañando a José Novas, Keiselim Montás y otros miembros de la diáspora dominicana en Estados Unidos, trato de describir la experiencia del autor que vive y escribe lejos de su tierra natal, y quizás en su segundo idioma, con todo lo negativo y positivo que conlleva esa situación. Me doy cuenta de la distancia psicológica que existe entre “los de aquí” y “los de allá,” pero también noto lo mucho que nos debe unir.
 Idas y venidas repetidas entre la feria y el excelente Hotel Internacional V Centenario, donde el personal es eficiente y extraordinariamente servicial. En las calles capitaleñas, una cantidad de tráfico que asombra hasta a mi esposo, neoyorquino empedernido acostumbrado a las calles atestadas de esa ciudad. Sin embargo, notamos en todas partes un buen humor inalterable, cierta serenidad civil universal, trátese del personal de la feria, oficiales de la guardia, choferes, trabajadores, encargados de esto o aquello...en fin, cortesía y paciencia sin excepción y aparentemente sin límites. Concluyo que el dominicano que se lanza a estas calles, sea en auto o a pié, demuestra tener alma de seda y nervios de acero. También sospecho que goza de la protección divina.

En el exquisito Teatro Nacional, me acomodo tranquilamente para disfrutar de la inauguración de la feria, creyendo que me tocará un papel puramente pasivo. Pero no: pronto descubro que a ese público enorme se le está presentando una sinopsis fotográfica de ni niñez y adolescencia. Atónita y atolondrada, oigo que me llaman a subir hacia donde se encuentra una distinguida compañía que incluye miembros de los gobiernos dominicano y colombiano. Enmudezco totalmente, precisamente cuando más necesito el don de la palabra: nada menos que el Dr. Leonel Fernández Reyna, Presidente de la República Dominicana, me está presentando un precioso galardón, obra de un artista dominicano. No guardo recuerdo alguno de lo que he dicho para agradecer este honor inesperado, ni sé cómo volví a mi asiento, pero sí recuerdo la cordialidad alentadora del saludo del Dr. Fernández. El resto de la función—una maravilla de música, canción, poesía de Franklin Mieses Burgos, y bailes preciosos, colombianos y dominicanos—se filtra por mis sentidos a través de una nube rosada, como algo soñado.

Abril 25, miércoles: mi esposo y yo damos un último paseo entre las casetas de la feria, la noche antes de partir para Boston. Nos sentamos a oír la música clásica que toca la orquesta cercana, al aire libre. La noche vibra con la presencia de familias enteras de todos los rangos de la sociedad, jóvenes y viejos juntos, como infelizmente no se acostumbra ya en todas partes, ya que la división entre las generaciones se ha vuelto casi obligatoria. Mi esposo hace comentario sobre ese tema, añadiendo que es una importante superioridad de nuestra sociedad. Me lleno de orgullo al reconocerlo, así como notar la energía, la imaginación, el optimismo tenaz, el amor a la vida, los múltiples talentos que se reflejan en este evento, y que considero parte de la índole de mi pueblo. Me siento sumamente dichosa.

 

ESPAILLAT, Rhina P. (La Vega, 1932) Poeta. Nació en La Vega, pero reside en New York desde 1939, ciudad donde llegó a los siete años de edad y donde recibió su educación. Tiene una licenciatura en Artes de Hunter College y una maestría en la misma área de Queens College. Trabajó como profesora de inglés para el sistema de escuelas públicas de New York. Su labor poé-tica ha sido reconocida en dos ocasiones por the Poetry Society of America con el premio Gustav Davidson Memorial Award, en 1986 y en 1989, respectivamente. Posteriormente, en 1998, le fue concedido el S. T. Elliot Prize of Poetry. Escribe en inglés y, ocasionalmente, en español. La prensa dominicana ha difundido algunos de sus textos escritos en español. Actualmente reside en New-buryport, Massachusetts. Ha publicado dos poemarios: Lapsing to Grace y Where de Horizons Go.



 
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